viernes, 10 de diciembre de 2010

Nemocón, entre el cielo y la tierra

“Que esto, que aquello” mucho había oído hablar de Nemocón hasta que por cosas de la vida pude ir a conocerlo.
Este es un municipio ubicado a unos 65 kilómetros de Bogotá, cuya carretera está rodeada de montañas y planicies que cambian de colores a lo largo del camino. Durante el viaje usted puede degustar de la gastronomía cundinamarquesa y apreciar los paisajes de la sabana.
Al llegar al pequeño municipio, el visitante entiende, el por qué es considerado uno de los más representativos atractivos turísticos del departamento de Cundinamarca.
A unas cuadras de la plaza principal se encuentra la Mina de Sal, en cuya entrada hay un pequeño museo paleontológico al que se puede ingresar una vez se haya pagado la boleta de entrada a la Mina.
El ingreso a la mina, inicia en una pequeña puerta incrustada en la montaña. Una vez adentro, bajas por una rampa, algo angosta, que curva a pocos pasos de la entrada. A 20 o 30 metros dentro de la montaña empiezas a sentir en tus pulmones necesitan más aire, mientras el olor a azufre, que expide la sal, se impregna en tu nariz.
La cámara o salón que se encuentra una vez terminas de caminar por la rampa, montaña adentro, alumbrado con una luz azul, tiene un techo que bien parece la cúpula de una iglesia. Allí, en ese lugar, rodeado de palos de guadua que se utilizan como bigas, inicia el recorrido dentro de la mina.
A pocos metros de ese sensacional salón, el visitante, que es acompañado por otros turistas y el guía, se encuentra con un juego de luces que contrasta con la sal de las paredes y un angosto
pero largo estanque de agua, que refleja el salón como si fuera un espejo, al acercarse pareciera que hay una grieta en el suelo y puedo asegurarte que si te acercas un poco más puede darte hasta vértigo. El estanque tiene aproximadamente 30 cm. de profundidad, bueno eso fue lo que dijo el guía.
El recorrido continúa al entrar a una bóveda en donde se encuentra la imagen de la virgen del Socavón como se llama, en el Perú y Bolivia, a la Virgen de la Candelaria que al igual que en Colombia es patrona de los mineros.
Junto a ella hay un pozo en donde se pide deseos, “algunos aseguran que es milagroso”, dijo el guía. Creer o no, ese no era el dilema sino que por cosas de la vida no tenía ni una sola moneda en mis pantalones. Ni modos. Al lado de este pozo se encuentra otro que es el más frío y salado del país.
El guía aseguraba que a unos metros más abajo se estaba construyendo una especie de laguna del cual se extraería sal y en donde se podrá, en algunos años, navegar puesto que se hará un recorrido acuático a través de ella… Toca volver cuando el proyecto esté listo.
Las estalactitas y las estalagmitas que se desprenden de las paredes y emergen del suelo, decoradas con diferentes colores de luces, llaman la atención por las formas particulares que crean.
De esta manera, luego de un recorrido cultural y geológico, termina el recorrido de la mina, que demora algo así como 1 o 2 horas, dependiendo de lo preguntones que sean los visitantes.
De regreso a Bogotá, con las manos saladas por tocar las pareces, el agua salada, que dicen es curativa, y las barandas de guadua de la mina, los que visitamos este maravilloso lugar entendemos la importancia de este compuesto químico, utilizado en nuestras casas, para los indígenas que habitaron estas tierras antes de la colonización. No puedes dejar pasar la oportunidad de conocer Nemocón, mucho menos la mina de sal.

Redacción: FAPROCOP
Fotografía: FAPROCOP - CORTESÍA MINA

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